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¿Mejor salud?: Más fibra dietética en su mesa

7 de Agosto 2013

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Momentos saludables

Organizaciones médicas y de alimentos recomiendan un consumo de 400 gramos diarios de frutas y verduras, para cubrir la necesidad mínima del día.

La fibra contribuye a que nuestro sistema digestivo funcione adecuadamente, se asocia con menores niveles de colesterol en sangre, atenúa los niveles de glucosa e insulina luego de comer, mejora la laxación en el intestino y el tipo de flora intestinal en el colon, protege de la acción de eventuales compuestos cancerígenos, induce saciedad, es antiinflamatoria, entre otras acciones saludables.

Además, conseguir fibra dietética no implica un gasto mayor en el presupuesto, ya que la encontramos en todos los alimentos vegetales en su forma natural (no refinados). Es decir: zanahorias, pepinos, tomates, choclo, apio, zapallo italiano y semillas, como también manzanas, frutillas, arándanos, todos los cítricos y peras, más porotos y lentejas, son sólo algunos de los alimentos que contienen este vital componente.

Así lo explicó la profesora Mariane Lutz, directora del Centro de Investigación y Desarrollo de Alimentos Funcionales de la Universidad de Valparaíso (Cidaf), quien acaba de participar en el Primer Seminario Teórico Práctico de Fibra Dietética, organizado por Capchical (Capítulo Chileno de Composición de Alimentos), perteneciente a Latinfoods, que agrupa a los científicos de Latinoamérica abocados a conocer la composición de los alimentos que conforman nuestra dieta.

“Es importante combinar los alimentos para que se complementen unos tipos de fibra con otros: frutas, ensaladas, legumbres, cereales, pan integral, semillas y frutos secos son todos buenos aportadores de estos componentes que nos protegen de las enfermedades crónicas”.

El concepto de fibra

Tal como lo expresó Mariane Lutz, el concepto de la fibra en los alimentos surgió del residuo celulósico, un componente importante en la alimentación animal: “A partir de las observaciones de médicos ingleses en África en los años 1970, donde vieron que las personas que ingerían muchos vegetales no presentaban las enfermedades típicas de los países europeos (cardiovasculares, cáncer, hipertensión, diabetes, entre otras), comenzaron a indagar qué hay en las plantas que puede proteger al organismo humano”.

Con el tiempo —agregó Lutz— se comenzó a hablar de la fibra dietética, pero “han pasado décadas sin que se haya logrado un acuerdo unánime en relación a qué componentes químicos la conforman. Si bien hay consenso en que la fibra contenida en los alimentos vegetales no es digerida por nuestras enzimas propias del tracto digestivo, el problema surge al intentar saber cuánta fibra contienen los alimentos y, más complejo aún, qué tipo de compuestos se miden al aplicar cada metodología de análisis”.

La directora del Cidaf advirtió que hoy en día el conocimiento del contenido y el tipo de fibra de los alimentos es una necesidad, “y tenemos que estar capacitados para poder etiquetar en los alimentos el aporte de fibra que ellos hacen a nuestra dieta, ya que los datos de las tablas de composición no son confiables. Desde el punto de vista de sus propiedades nutricionales, la fibra no es un nutriente, pero sus componentes ejercen acciones beneficiosas para nuestro organismo”.

Por esta razón, las organizaciones recomiendan un consumo de 400 gramos diarios de frutas y verduras, para cubrir la necesidad mínima de fibra y otros componentes saludables que requerimos a diario.

La profesora Mariane Lutz fue la presidenta del comité organizador del seminario en conjunto con Emilia Raymond, jefa del Subdepartamento de Nutrición y Alimentos del Instituto de Salud Pública de Chile, y Nuri Gras, secretaria ejecutiva de Achipia (Agencia Chilena para la Calidad e Inocuidad Alimentaria). También participaron en la actividad como docentes Victoria Betteridge (Londres), experta en análisis y definiciones de fibra dietética del Codex Alimentario, con reconocimiento a nivel mundial; Annette Evans, de Tate & Lyle (Chicago), quien dictó la parte práctica del seminario, y Ángela Zuleta, de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires, quienes conjuntamente con Mariane Lutz participaron en las clases teóricas.

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