Dijo que los exalumnos del plantel son personas “que saben escuchar y de mucha apertura”
Presidente de la Corte Suprema: “La Escuela de Derecho UV me marcó profundamente”
Rubén Ballesteros conversó en exclusiva con la Universidad de Valparaíso, y se confesó respecto a sus convicciones personales acerca de temas como la legalización de la marihuana y del aborto y la formación de abogados.

Que se legalice el aborto terapéutico y que se lleven a cabo estudios serios y acabados antes de promover la legalización del consumo de la marihuana, son algunas de las convicciones del presidente de la Excelentísima Corte Suprema de Justicia, Rubén Ballesteros Cárcamo, exalumno de la Escuela de Derecho de la Universidad de Valparaíso, quien sorprende por su memoria privilegiada para recordar fechas y episodios con detalles con exactitud.

El alto magistrado comentó que este plantel académico, desde donde se recibió el año 1968, “me marcó absolutamente y fue fundamental en mi formación”, agregando que distingue entre sus egresados algunas características generales como la apertura, el saber escuchar y ponderar las situaciones con un sentido jurídico estricto.

Rubén Ballesteros brindó una entrevista exclusiva a la Escuela de Derecho de la Universidad de Valparaíso en su despacho, en la Corte Suprema, y con mucho agrado recordó su época de estudiante, que se remonta a la década del 60, cuando la dirigía Victorio Pescio, a quien recordó como “el alma de esta Escuela y un hombre muy estricto, pero muy justo”.

“Quería ser marino”

El presidente del máximo tribunal del país, oriundo de Chiloé, comentó que vino a Valparaíso a realizar sus últimos años de enseñanza secundaria, en el Liceo Alfredo Nazar de Playa Ancha, con el firme propósito de convertirse después en marino. “Venía directamente de Castro a Valparaíso, porque mi preferencia era ser marino; pero no se cumplió mi objetivo primitivo y me vi enfrentado entonces a dar el Bachillerato”.

Agregó que llegó a la Escuela de Derecho de la Universidad de Valparaíso “por consejo de un amigo de mi padre, que fue alumno de esta Escuela. Me matriculé en Leyes y desde ahí empecé una carrera impensada”.

Según lo que explicó, el haber hecho una práctica cuando cursaba tercer año, en el Colegio de Abogados de Valparaíso, le sirvió mucho para darse cuenta de que “esta era la profesión que iba a querer por el resto de la vida”, acotando que su primer cliente fue un anciano sastre peruano, que le tocó defender por un caso de comodato precario.

Recuerda que se presentó a su examen de grado en octubre de 1968, “muerto de susto”, y que en diciembre de ese mismo año juró como abogado ante la Corte Suprema de Justicia, “junto a muy pocos colegas, ninguno de ellos compañero de curso de la Universidad”.

En forma especial, Rubén Ballesteros se acuerda de algunos profesores, como “don Victorio Pescio, el señor Crichton, el profesor López Pescio y Fuenzalida, Carlos Camus y don Marío Alegría, a quien cada vez que veo me da una alegría enorme porque se ve muy bien, cada vez más joven”.

—¿Se reúne con sus compañeros de promoción regularmente?

“Muy poco, porque me recibí de abogado en diciembre del 1968 y el año siguiente viajé a Chiloé, me casé y ejercí en Castro la profesión de abogado por cinco años, antes de ingresar al Poder Judicial”.

—¿Cuáles fueron los cargos que desempeñó que más lo marcaron?

“El haber ejercido la profesión de abogado primero, me sirvió mucho después en mis otras funciones. En 1972 entré al Poder Judicial en Puerto Montt, como secretario del Juzgado de Letras. Luego fui relator de la Corte de Apelaciones de Puerto Montt, que se instaló en mayo de 1974. Ahí estaba de ministro también un exalumno de la Escuela de Leyes de Valparaíso, don Julio Torres Allú, quien después fue ministro de la Corte de Apelaciones de Valparaíso y estuvo casi un año como ministro suplente en la Corte Suprema. Después, en 1977, fui nombrado juez del Segundo Juzgado de Letras de Osorno; después fui juez del Segundo Juzgado de Valdivia, y en junio de 1983 fui nombrado ministro de la Corte de Apelaciones de Punta Arenas, donde estuve diez años. Esa zona me marcó mucho, fue un período extraordinario, tanto en lo profesional como en la vida familiar y de relaciones sociales. En 1993 me vine a Santiago, como fiscal de la Corte de Apelaciones de Santiago, luego en 1998 fui ministro de la Corte de Apelaciones de Santiago y el 2000 fui presidente de ese tribunal. Luego fui nombrado ministro de la Corte de Suprema el año 2006, hasta ahora, que soy presidente desde el año 2012”.

—¿Siente que las herramientas que le brindó la Escuela de Derecho de la Universidad de Valparaíso han sido fundamentales para su carrera?

“Absolutamente y lo he dicho en muchas oportunidades. La Escuela de Derecho de la Universidad de Valparaíso me entregó todas las herramientas necesarias y un convencimiento de que uno es capaz de las cosas que se propone, trabajando y estudiando mucho. Nunca fui un gran alumno en la escuela primaria ni en el liceo, pero la Escuela de Derecho me marcó absolutamente y fue fundamental en mi formación”.

—A su juicio, ¿cuál es su sello diferenciador?

“En mi desempeño profesional y judicial me he sentido muy bien, seguro y tranquilo con mi formación. Creo que los exalumnos de esta Escuela somos personas de mucha apertura, no estamos encasillados, sabemos escuchar, ponderar, ver todos los antecedentes y explorar todas las posibilidades de resolución de un asunto”.

Formación de abogados

—¿Cuál es su apreciación sobre el tema de la formación de abogados, en casi un centenar de Escuelas de Derecho distribuidas por todo el país?

“Hay demasiadas Escuelas de Derecho y un tema que me preocupa es cuál es el nivel y el estándar de preparación que reciben todos estos jóvenes. Nosotros el año pasado hicimos ceremonia de juramento para dos mil 700 abogados nuevos y desde enero de este año estamos haciendo ceremonias de juramento dos veces a la semana. Pero no me preocupa tanto el número de jóvenes que se reciben de abogados, como el nivel de preparación que tienen en este excesivo número de Escuelas de Leyes”.

—¿Cómo se podría regular esta situación?

“Como solución a esto, echo de menos un organismo como una Superintendencia de Educación Nacional, que tenga tuición y facultades frente a toda la educación secundaria y universitaria y que supervigile el estándar de preparación en todas las carreras. Por ejemplo, en el norte y en el sur, sin despreciar a su gente, no son tantos los profesores que tienen el nivel de los de Santiago, donde están concentradas las universidades de mayor tradición y excelencia, como las Universidades de Chile, Católica, de Los Andes, Central y Diego Portales. Ese nivel deberíamos replicarlo también en provincias. Además para mí, un examen nacional de Derecho me parecería injusto, porque la preparación de los estudiantes de provincia no son todas del mismo rango, hay un desnivel y una desigualdad que no se puede ratificar con un examen nacional; debemos reconocer que existe esa desigualdad y que hay que buscar un remedio. Mi propuesta es la Superintendencia de Educación Nacional, me parece que sería el sistema más justo para garantizar una preparación pareja de los estudiantes”.

—¿Cuáles serían las cualidades y características especiales que debería tener un joven que desee estudiar la carrera de Derecho?

“Echo de menos en los liceos la figura del orientador, de una persona preparada para orientar a los alumnos en su verdadera vocación, porque a veces llegan jóvenes a la universidad que no han tenido ese análisis previo de qué es lo que quieren y lo que les gusta más para estudiar. Eso creo que se debería reforzar. Yo por ejemplo, llegué a esta carrera sin pensar nunca en mi vida que iba a estudiar leyes. Pero en el caso de Derecho, creo que se requiere de mucho tiempo y capacidad de estudio, las materias comprendidas en las distintas cátedras son de una amplitud increíble y aunque en mis tiempos resultaba casi imposible que se pasara la totalidad de materias comprendidas en las mallas curriculares, la estadía y los años en la Escuela de Leyes le entregaban a uno una concepción de lo bueno, de lo malo, de lo jurídico y una capacidad y virtud de entendimiento de las leyes. En esta Escuela, la entrega de una concepción de entendimiento del sentimiento jurídico a los alumnos es extraordinaria”.

Temas contingentes

—Sobre el sistema procesal penal chileno actual, ¿concuerda en que al Poder Judicial le falta aún implementarse mejor a la luz de las necesidades y requerimientos crecientes?

“Hemos hablado mucho de la reforma procesal penal; ahora tenemos un sistema diametralmente distinto del antiguo; tenemos juicios con virtudes, con gestión y con formas totalmente diferentes a los antiguos. Se implementó en dos regiones del país el año 2000 y se completó el 2005 en la Región Metropolitana; felizmente contamos con la Academia Judicial y con las universidades, que prepararon a todas las personas involucradas para enfrentar este sistema para que pudiera funcionar bien y satisfactoriamente, como creo que funciona. Lo que ocurre es que el sistema procesal penal llegó a Chile con dos falencias que echamos de menos hasta hoy, que son la falta de información debida a los habitantes del país, sobre lo que significaba este sistema nuevo y sus principios, especialmente el de inocencia, para que entiendan lo que hacen los jueces y no los critiquen todos los días, a mi juicio injustamente. La otra falencia es que es un procedimiento moderno que llegó muy pronto, la ciudadanía no estaba preparada para acoger un sistema de esta clase, pero creo que con el tiempo esto se va a ir mejorando y la gente va a ir comprendiendo sus virtudes. Como todas las obras de los hombres, no podemos decir que las cosas son perfectas. Vamos bien y creo que seguiremos mejorando. El sistema procesal antiguo era terrible, funcionó casi cien años”.

—¿Pero reconoce la falta de jueces para implementar mejor el sistema?

“Es un problema que existe y que estamos tratando de solucionar. Gran parte de los tribunales no tuvo la dotación necesaria de jueces cuando se implementó la reforma; tuvieron menos que los que debían haber tenido conforme a la realidad del sistema judicial chileno, pero ya tenemos una ley que se dictó el año pasado que permitió a la Corte Suprema hacer destinación de jueces (traslados) y además, establecer un cronograma de nombramiento de 131 jueces que corresponde al Centro de Justicia de Santiago, que es el déficit que tiene actualmente. Y sobre la Academia Judicial, los cursos de formación de jueces de Arica a Magallanes tienen capacidad suficiente; no hay falta de jueces preparados”.

—En otro tema contingente, ¿es partidario o no de legalizar el consumo de marihuana en Chile?

“Hagamos primero todos los estudios y análisis necesarios. Porque se dice por un lado que no produce efectos perniciosos a la salud y a las conductas de la gente, y por otro lado, se dice que sí los produce y que es el inicio en la carrera de la drogadicción. Para resolver la legalización del uso de la marihuana y que incluso tenga utilización de carácter médico, hay que estudiarlo y analizarlo bien; hay que escuchar a los expertos en la vida nacional, a los tribunales, a la Fiscalía, a las policías, al ministerio de Salud, a las municipalidades, sobre sus consecuencias perniciosas o no perniciosas. Hay países donde no hay problema en cultivar y fumar la marihuana, pero nosotros no hemos hecho estudios serios que convenzan a la nación de que eso es lo que conviene”.

—Y sobre la despenalización del aborto, ¿cuál es su postura?

“Yo soy partidario absolutamente del aborto terapéutico. Siempre me ha preocupado mucho la situación de la mujer violada, quien durante el resto de su vida, por mucho que tenga enorme capacidad de amor de criar a un hijo que le ha significado un gran sacrificio, si a pesar de estas condiciones, vea en el rostro de su hijo la faz de su violador, ese tema me preocupa. Será el legislador el que decida y para ello se requiere voluntad política”.

Fotografías gentileza Corte Suprema.

Publicado jueves 2 de mayo de 2013
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