Son alrededor de veinte mil en Valparaíso
Perros vagos disparan riesgo de contraer graves enfermedades
En Chile se registran 50 mil ataques de canes contra personas al año y en esta comuna superan los mil. El 67 por ciento recibe las vacunas necesarias y sólo el 20 por ciento completa el tratamiento. Infectólogo de la UV advierte que si bien la rabia, por su letalidad, causa mayor pánico en la población, es el menos común de los severos males e infecciones que se pueden contraer debido al escaso control de la población canina.

En Chile, cada año se registran más de 50 mil ataques de perros a seres humanos. Y de acuerdo a una serie de estimaciones, se calcula que el costo en que el Estado debe incurrir para curar y prevenir enfermedades derivadas de mordeduras y/o el contacto habitual con los canes supera el millón de dólares.

Dichas cifras bien pueden ser mayores, dado que muchos de esos episodios no son informados por los afectados a los servicios correspondientes, con el consiguiente riesgo que ello implica para su salud, ya que los perros —sobre todo aquéllos que no se encuentran con sus vacunas al día ni reciben cuidados óptimos— son potenciales portadores de una docena de severos males e infecciones.

El tema ha cobrado particular interés en los últimos días, luego de que un joven de Quilpué contrajera el mortal virus de la rabia, tras ser mordido por un perro callejero mientras circulaba por la plaza de esa ciudad, en lo que representa el primer caso de ese tipo en Chile, en más de 40 años.

Alta población canina

Según estudios del Ministerio de Salud e investigaciones del Colegio de Médicos Veterinarios y organizaciones vinculadas a la protección animal, en el territorio nacional hay en la actualidad unos cinco millones 600 mil perros. Vale decir, uno por cada tres habitantes. Y su número va en aumento.

De ellos, el 52 por ciento es doméstico (vive al interior de un hogar con su dueño); un 25 por ciento tiene dueño pero suele deambular libremente por la vía pública, y el resto, el 23 por ciento, son perros que habitualmente viven en las calles, en estado de semiabandono o derechamente como vagos.

En la Región de Valparaíso, el número de canes bordea los 600 mil. De ese total, unos 110 mil se concentrarían en la comuna de Valparaíso, la mitad de los cuales circula en el plan y los cerros (20 mil de ellos en total abandono), lo que la convierte en uno de los centros urbanos con más perros callejeros del país, junto a Antofagasta, Santiago, Coquimbo, La Serena, Talca y Punta Arenas

Y de acuerdo a estimaciones no oficiales, en Valparaíso los ataques de perros a personas superan los mil en un año.

Transmisión de enfermedades

Entre los principales problemas que encierra la presencia masiva de perros en la vía pública figura la transmisión de enfermedades.

Su presencia en las calles representa un riesgo inminente para la población, ya que casi la totalidad de ellos no está vacunado y son portadores de bacterias, parásitos y otros agentes zoonóticos causantes de una serie de males relativamente corrientes, como infecciones, sarna, tiña, brucelosis y erlichiosis, entre otros, que los canes transmiten a la gente a través de mordeduras o del contacto habitual.

Este tipo de enfermedades son comunes y se diagnostican cientos de casos al año, en los distintos centros de atención médica existentes a lo largo del país.

En opinión del doctor Rodrigo Cruz, profesor de la Escuela de Medicina de la Universidad de Valparaíso e infectólogo del hospital Carlos van Buren, la masiva presencia de perros en calles y plazas ha dejado de ser un tema anecdótico, para transformarse en un grave problema de salud pública.

“No me cabe duda que la prevalencia de estas enfermedades —que no son las más graves— aumentará con el tiempo, ya que las autoridades se resisten a implementar políticas adecuadas de control de la población canina y, principalmente, porque las personas continúan practicando la tenencia irresponsable de mascotas. Vacunar y esterilizar a los perros no resuelve el problema, si ello no forma parte de planes permanentes y del actuar responsable de la gente”, argumentó el especialista.

Rabia y tétano: las más letales

Según estimaciones derivadas de estudios focalizados realizados en sectores de la Región Metropolitana, que sirven de proyección a nivel nacional, apenas el 21 por ciento de los perros en Chile se encuentra con sus vacunas al día, incluidas las de la rabia y el tétano, las cuales pueden infectar al ser humano.

Este tema es particularmente grave, ya que la rabia y el tétano tienen una mortalidad cercana al cien por ciento, si el afectado no recibe la profilaxis completa y oportuna tras haber sido mordido.

“En el caso de la primera, existen bajas posibilidades de contraerla, ya que los protocolos para controlar el virus han sido efectivos hasta ahora. De hecho, el último caso de rabia transmitida a un humano por un perro en nuestro país fue en 1972. Ahora bien, de acuerdo a cifras del Instituto de Salud Pública, entre 1996 y 2005 se registraron 634 casos confirmados de rabia en Chile, de los cuales 630 correspondieron a murciélagos y sólo dos casos involucraron a perros y otros dos a gatos, que se infectaron con el virus tras tomar contacto con alguno de esos murciélagos, que son los grandes portadores y transmisores de este mal. Sin ir más lejos, antes del ocurrido en Quilpué, el último caso de rabia humana documentado en Chile fue el que afectó en 1997 a un niño en Doñihue, que la contrajo al tomar contacto con un murciélago”, afirmó el doctor Rodrigo Cruz.

Otros animales transmisores de la rabia son los roedores silvestres, los zorros y los pumas, pero dado su menor contacto con humanos no representan una amenaza directa.

Por lo anterior, el especialista llamó a la calma a la población, ya que a su juicio no se está frente a una potencial epidemia de rabia.

Sin ir más lejos, apenas el 20 por ciento de las mordeduras son propiciadas por perros vagos o desconocidos, ya que en su mayor parte, entre un 30 y un 40 por ciento, los ataques los cometen los perros en su propio hogar y, otro tanto, perros callejeros pero conocidos.

“Por eso, lo ocurrido en Quilpué debe ser asumido como una alerta, con el fin de que tanto las personas como las autoridades tomen medidas adecuadas y se empiece a controlar a la población canina en las calles. También se deben revisar y ajustar los protocolos en los centros de salud, sobre cómo actuar en caso de ataques o mordeduras”, enfatizó el médico.

Respecto del tétano, el profesor de la Escuela de Medicina de la UV explicó que el tema es diferente, ya que se trata de una enfermedad producida por una bacteria que suele estar presente en los intestinos de la mayoría de los canes, por lo que siempre se debe aplicar la vacuna respectiva a una persona que haya sido mordida por un perro, independiente del motivo y si este animal es conocido o no y si fue provocado o reaccionó en forma inesperada.

Finalmente, el doctor Cruz reiteró la necesidad de que los dueños de mascotas domésticas las mantengan con sus vacunas al día, para evitar cualquier riesgo. Además, en caso de que una persona sea mordida por un perro callejero o desconocido, recomendó vacunarse de inmediato contra la rabia y el tétano.

Según estadísticas del Ministerio de Salud, sólo el 67 por ciento de las personas agredidas por un perro se termina vacunando y apenas el 20 por ciento se aplica el tratamiento completo.

“Lo clave es que al afectado se le aplique la totalidad de las dosis y no sólo algunas, ya que si se administra un parte de ella, se corre el riesgo de no lograr una adecuada protección inmunológica”, concluyó el especialista de la UV.

¿Por qué y dónde suele morder un perro?

En un 32 por ciento de los casos, como resultado de un encuentro casual; en un 30 por ciento por provocación o amenaza; en 17 por ciento jugando; en 13 por ciento por violación territorial; en tres por ciento durante el manejo del animal; en dos por ciento por agresión física directa contra él, y en uno1 por ciento de los casos mientras el perro duerme o es adiestrado.

Las mordeduras se concentran en las extremidades, 57 por ciento, y en la cabeza y cuello, 34 por ciento.

Enfermedades más graves y comunes trasmitidas por un perro

Rabia: Enfermedad infecciosa que afecta al sistema nervioso central, ocasionada por un virus Rhabdoviridae, que causa encefalitis aguda con una letalidad cercana al cien por ciento. Para evitar su contagio a la persona en riesgo de contraerla se le deben suministrar cinco dosis de la vacuna correspondiente. En caso de que al cabo de un tiempo se vuelva a sufrir una mordedura potencialmente riesgosa, la vacuna debe ser aplicada nuevamente.

Tétano: La causa la bacteria Clostridium tetani, que produce potentes neurotoxinas que afectan el sistema nervioso y generan violentas contracciones musculares. Con frecuencia, se inicia con espasmos leves en la mandíbula y luego en el tórax, cuello, espalda y abdomen. Estos episodios pueden provocar fracturas y desgarros musculares, babeo, sudoración excesiva, fiebre y espasmos e incluso la muerte. Se recomienda suministrar la vacuna siempre en caso de mordedura.

Infecciones por heridas: Tras sufrir una mordedura, el tejido puede ser infectado principalmente por una bacteria denominada Pasteurella multocida. Infecta los tejidos e incluso puede causar septicemia.

Erlichiosis: Enfermedad trasmitida por garrapatas, pulgas y ácaros parásitos del perro. Provoca fiebre, dolores musculares, erupciones simples o con sangrado en la piel.

Brucelosis: Provocada por una bacteria que causa dolor e inflamación articular, inflamación de ganglios linfáticos y malestar general, además de infección generalizada.

Tiña: Producida por hongos parásitos (el más común es el Microsporum canis) que se encuentran comúnmente en la piel y pelos del animal o en las viviendas que habitan. Las esporas pueden liberarse en el medio ambiente y vivir por varios meses, y afectan la piel, uñas y pelos.

Sarna: Infección provocada por ácaros que se multiplican en la piel y pelos del perro. Entre los síntomas más comunes se incluyen picazón intensa, pequeñas protuberancias o erupciones cutáneas

Hidatidosis: Enfermedad parasitaria producida por larvas que se desarrollan en el aparato digestivo y que luego traspasan la barrera intestinal y se diseminan a través de la corriente sanguínea hasta el hígado, pulmones, riñones, huesos y encéfalo, formando quistes en los que se multiplican miles de parásitos. Ocurre principalmente en lugares rurales con ganado ovino.

Publicado jueves 15 de agosto de 2013
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