Cuando Chile era más rico que Suecia
El doctor Cristián Ducoing expuso sobre las razones que llevaron a Latinoamérica a retardar su desarrollo en el “Ciclo de Charlas sobre Emprendimiento EICO”.

“Si yo les dijera que en 1890 Chile era más rico que Suecia, ¿alguno de ustedes lo creería?”. Con esa particular pregunta comenzó Cristián Ducoing, doctor en historia económica de la Universidad de Barcelona e investigador de la Universidad de Valparaíso, su conferencia “¿Por qué Latinoamérica se rezagó? Capital, productividad y crecimiento: 1850-1950”, en el marco del Ciclo de charlas de emprendimiento EICO, que organiza la carrera de Ingeniería Comercial en el Campus Santiago.

Ante una asombrada concurrencia, Ducoing contó que en el citado año el PIB per cápita de Chile era 50 dólares más alto que el del próspero país escandinavo. Y luego continuó aportando cifras que sorprendieron aun más a sus oyentes, como que hasta la Primera Guerra Mundial Chile tenía un PIB per cápita que doblaba al de Japón, que hasta 1900 Argentina tenía el mismo PIB per cápita de Estados Unidos o que hasta 1940 Uruguay era un país tan rico gracias a la ganadería que no tenía censos de población, pero sí de ovejas.

“Se trata de países que pudieron llegar a ser desarrollados, pero que en algún momento se rezagaron”, comentó Ducoing, quien junto a otros académicos integra el Centro de Economía y Sociedad de la Universidad de Valparaíso. “Nuestro supuesto es que la periodización debe estar relacionada con el stock en maquinaria y lo que vemos es que cuando los países latinoamericanos dejan de importar maquinaria, baja la productividad. Hubo una gran caída tras la Gran Depresión de 1929, con Chile y Cuba como principales afectados, mientras que los países desarrollados tuvieron una mucha mejor respuesta a esta crisis. Además está el fenómeno de la dependencia excesiva de los recursos naturales, pero lo que explica este retroceso es la menor productividad, que en el caso de Chile se hace brutalmente evidente entre 1880 y 1925 en el ámbito del salitre. Pese a los avances tecnológicos y al alto precio internacional del salitre, cada vez se producía menos”, explicó.

Ducoing señaló que, en promedio, un trabajador latinoamericano produce una quinta parte de lo que produce un trabajador estadounidense. “La inversión en maquinaria es clave. La mayoría de los estudios que existen de inversión en maquinaria son de países como Alemania, el Reino Unido o Estados Unidos. No tenemos muchos datos de lo que pasa en América Latina, pero esos estudios se pueden extrapolar y los datos de maquinaria nos dicen mucho sobre la capacidad tecnológica de los países y de su productividad. En Chile, por ejemplo, la inversión en maquinaria siempre ha sido muy baja, se dispara en la época dorada del salitre y vuelve a caer tras la Grand Depresión. Los suecos, en cambio, fueron invirtiendo más y más en maquinaria y por eso se distanciaron tanto de nosotros. La diferencia está en ese stock de capital, que es la cantidad de maquinaria que cada trabajador dispone para producir. Por ejemplo, Argentina en 1911 tenía el mismo stock de capital per cápita que en 1947 y Chile podía producir más en 1910 que en 1950”.

Profundizando en las explicaciones de este retardo, Ducoing expuso las dos visiones que existen. Por un lado, la estructuralista, que explica el fenómeno por el deterioro en los términos de intercambio, la dependencia de los recursos naturales (que impide a los países desarrollar los distintos sectores de la economía y diversificar la producción) y la desindustrialización. Por otra parte, está la mirada neoinstitucionalista, que plantea que la herencia colonial legó a Latinoamérica una alta desigualdad y una baja formación de capital humano. Finalmente, comentó que el modelo de Industrialización por Sustitución de Importaciones, que fue adoptado en gran parte de Latino América tras la Segunda Guerra Mundial y que muchos ven como el culpable del retroceso de la región, “debe ser evaluado dependiendo del país en que se aplicó. Por ejemplo, ese modelo fue bueno para países grandes, como México o Brasil. Pero en países pequeños, como Chile, donde el mercado interno es ridículamente chico, cerrarse para industrializarse y venderse a sí mismo no parecía tan razonable”.

Publicado viernes 23 de mayo de 2014
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