“La psiquiatría comunitaria está a medio camino”
Afirma Jorge Chuaqui, académico de Sociología invitado al Comité de Derechos Humanos de Personas con Discapacidad de la ONU.

“Psiquiatría comunitaria e inclusión social” es la ponencia que presentará el profesor Jorge Chuaqui el próximo 17 de abril en Ginebra, tras haber sido invitado por el Comité de Derechos Humanos de Personas con Discapacidad de las Naciones Unidas.

El tema no es simple, según explica Chuaqui, sociólogo, doctor en Ciencias Humanas, encargado del Programa de Salud del Centro de Investigaciones Sociológicas de la UV y miembro titular de la Comisión Regional de Protección de Personas con Enfermedad Mental (CRPPEM). Esto porque la integración de la persona que presenta algún tipo de discapacidad mental a la comunidad no se produce actualmente de la mejor manera.

“Teóricamente, la psiquiatría comunitaria consiste en un trabajo en que se integra la persona a la comunidad. Así, se evitan las internaciones. Pero si uno ve los resultados… el tema no está resuelto”, señala. Y añade: “Comunidad, como yo lo entiendo, es un concepto abstracto que en la mayor parte de las personas se traduce en un trabajo. Como no es mucha la gente que participa en la junta de vecinos, por ejemplo, o en otras instancias comunitarias, ¿cómo se da el vínculo con la comunidad? Pues, a través de un trabajo y una familia propia”.

Es decir, agrega, “desde ese punto de vista, no sacamos nada con tener una persona que sea muy bien educada, que no tenga acciones disruptivas, en el sentido de que no haga escándalo, que esté tranquilito en su casa, pero que no tiene cómo generar un ingreso suficiente como para formar una familia propia. Entonces, en el fondo, la psiquiatría comunitaria crea un dispositivo que igual produce una segregación, porque concentra a las personas que tienen problemas solamente”. De tal forma, falta “el paso a una verdadera integración a la comunidad, es decir, que integre a las personas a los trabajos, y al trabajo correspondiente con sus características. Por ejemplo, una persona con educación universitaria trabajando como obrero no es integración. Entonces, eso hace que la psiquiatría comunitaria esté a medio camino”.

Integración real a la comunidad

En todo caso, reconoce el profesor Chuaqui, “de cualquier manera es mejor tener una persona con su familia y que no esté internada de por vida. Ese es un avance. Pero está lejos de ser una integración real a la comunidad. Y el problema es que la forma como se hace, la forma que siguen los tratamientos, no ayuda mucho. ¿Por qué? Porque se pone énfasis en que la persona se adapte al grupo, lo que hace que se transforme en una persona dependiente. Y al ser dependiente, surgen sentimientos de apatía y de pasividad”.

En esos casos, “algunas personas con enfermedad mental —no todas: yo tengo una enfermedad mental y no soy así—, muchas son pasivas porque están esperando cuáles son las indicaciones que les da el medio para poder actuar de una manera u otra; no tienen creatividad, no están empoderadas. Entonces, creo que el tratamiento debería propender, antes que a la adaptación, a la realización personal, y ese es el cambio que estoy propugnando”.

A juicio del doctor Chuaqui, “los tratamientos son necesarios, pero más que enfocarse en una adaptación pasiva, deberían lograr la realización personal. Eso significa que no se bloqueen conductas —a menos que sea una conducta peligrosa, por ejemplo que la persona se vaya a suicidar—. Pero el resto es sugerirle, plantearle alternativas, y que la persona vaya descubriendo su propia manera de integrarse”.

Ante la discriminación

Respecto de cómo enfrentar la discriminación y la ignorancia, que obstaculizan la integración de las personas que presentan cualquier tipo de discapacidad, Jorge Chuaqui explica: “Normalmente se hacen talleres laborales en algunas instituciones, pero en el entendido que si la persona adquiere disciplina de trabajo, no va a encontrar dónde trabajar. Esto se ha estudiado: la inclusión en el trabajo en ese caso es cerca del once por ciento en Chile. En cambio, con el empleo con apoyo — simplemente plantearle un trabajo a la persona y hacer el tratamiento en el trabajo— se ha logrado en Suiza un sesenta por ciento de inclusión. Yo pienso que ese tipo de trabajo debe estar de acuerdo con la perspectiva y los valores de la persona, para que no simplemente trabaje como una máquina”.

Por ejemplo, señala, “en la Comisión de la Discapacidad del gobierno, una de las cosas que sugirieron fue hacer una especie de departamento en ciertas industrias, en cierta actividad, que era como lavado y planchado de ropa, cosas así, de manera computarizada. Eso significaba tareas bastante monótonas, que pueden dar resultado en una persona con síndrome de Down, pero en personas con discapacidad psíquica, la monotonía es poco saludable. El apoyo bien entendido debe considerar los valores de la persona, su preparación; por ejemplo, si es una persona que no tiene ningún tipo de estudio, está bien que trabaje haciendo aseo en una empresa, porque está de acuerdo a su capacidad; pero si la persona tiene capacidades, tiene que trabajar en algo de acuerdo a esas capacidades”.

De esta forma, enfatiza el académico, “es necesario poner énfasis en el desarrollo de la persona. Es decir, no partir del sistema hacia la persona, sino desde la persona hacia el sistema. Porque otra cosa: si la persona no está empoderada, si no se siente libre de hacer lo que considera correcto, el aporte que va a hacer en el grupo es poco. Si va a estar esperando indicaciones, que le digan lo que tiene que hacer, va a tener roles muy restringidos”.

Respecto de los efectos de la medicación sobre las personas con alguna discapacidad mental, señala Jorge Chuaqui que efectivamente puede haberlos, “aunque con los nuevos medicamentos se ha avanzado harto en ese sentido. Pero a veces producen distonía o sueño. En ese sentido, hay que actuar en conjunto; si uno quiere incluir a la persona, hay que actuar en conjunto con el psiquiatra y con la familia, porque la familia muchas veces, como ha experimentado el trauma de que la persona tenga una crisis, tiene temor a que asuma cualquier desafío laboral, porque se puede descompensar o le puede venir una crisis”.

Metas socialmente valoradas

Finalmente, destaca el profesor Chuaqui: “Para mí la integración tiene que tener ciertas características. Por una parte, que la persona pueda lograr metas socialmente valoradas; por ejemplo, tener un trabajo de calidad y tener una familia propia. Es decir, una persona que no tenga metas valoradas socialmente, aunque esté acogida por la familia, no va a tener independencia. Puede estar totalmente compensadito, tranquilito, no provocar problemas, pero no va a estar integrado. Y la otra cosa es que el trabajo debe coincidir con sus valores, y además, que subjetivamente esté empoderado, no simplemente que sea una cosa impuesta. Es decir, tienen que darse varias condiciones”.

La invitación a Ginebra

El profesor Jorge Chuaqui fue invitado a Ginebra por el Comité de Derechos Humanos de Personas con Discapacidad de las Naciones Unidas. ¿Cómo se gestó la invitación? Explica: “Lo que pasa es que yo hace tiempo vengo realizando investigación en el área de salud mental, y además dirijo una organización de usuarios, y aparte de publicar artículos he hecho intervenciones en distintos ambientes, dentro incluso de organismos de salud del gobierno. Entonces hay gente que me conoce por ese hecho, y está María Soledad Cisternas, que fue la presidenta en la Convención de Naciones Unidas para personas con Discapacidad. Esa convención ahora es válida en Chile, porque la tomó el Estado. Y ella, conociéndome, me recomendó para ir a Ginebra, el 17 de abril”.

El viaje será breve: “El 21 tengo que estar acá de vuelta, porque hay un profesor invitado por mí, a través del Convenio de Desempeño para las Humanidades, Artes y Ciencias Sociales”. Se trata del profesor estadounidense James Gary Linn, ex presidente del Comité de Salud Mental y Enfermedad de la Asociación Internacional de Sociología.

Publicado lunes 4 de abril de 2016
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