Estudiante de Biología Marina realizó expedición científica en el barco más moderno del mundo
El crucero científico a bordo del buque R/V Sonne fue organizado por el Instituto Max Planck de Alemania.

Diego Bravo, alumno de Biología Marina de la UV, fue el único chileno designado por el Servicio Hidrográfico y Oceanográfico de la Armada (SHOA) para trabajar como “observador científico nacional” a bordo del buque R/V Sonne, de bandera alemana, destinado para investigación científica a gran escala y considerado— actualmente— el barco más moderno del mundo.

La experiencia, que se extendió por dos meses en un trayecto que comenzó en Antofagasta y concluyó en Wellington, Nueva Zelanda, la protagonizó el estudiante tesista del programa que imparte la Facultad de Ciencias del Mar y de Recursos Naturales.

“Expedición UltraPac SO-245” fue el nombre del crucero científico en que participó el joven estudiante y fue organizado por el Instituto Max Planck de Alemania. Su objetivo apuntó a estudiar el Giro Subtropical del Pacífico Sur, ya que posee las aguas más oligotróficas del planeta, es decir, con baja concentración de nutrientes en la columna de agua.

“Debido a lo lejano que se encuentra el Giro Subtropical de cualquier continente, el conocimiento que se tiene respecto a los procesos que allí ocurren es escaso. Es por ello que el trabajo realizado en la expedición es de gran importancia, considerando que el océano Pacífico es el más amplio del planeta”, explicó Andrés Bravo.

El estudiante reconoce que la experiencia a bordo fue muy enriquecedora para su formación personal y profesional. “Mi labor a bordo fue trabajar como observador científico nacional, velando por el cumplimiento de las labores científicas permitidas en aguas de jurisdicción nacional, específicamente en la Zona Económica de Isla de Pascua y Sala y Gómez. Además, como parte del cumplimiento de mi carrera profesional, realicé mi práctica profesional asistiendo en el trabajo de laboratorio de biogeoquímica, microbiología y en el avistamiento de basura y aves pelágicas durante el trayecto”, señaló.

Con respecto a la tecnología del buque, el joven destacó: “Es espectacular, hay aproximadamente ocho diferentes laboratorios, cada uno con implementos de tecnología de punta, necesarios para realizar diferentes análisis considerados en el trabajo. A bordo tienen un secuenciador de material genético, con lo cual se puede hacer una idea respecto al dinero invertido en el buque, ya que en Chile, gran parte de los científicos del área molecular, debido a no contar con una de aquellas máquinas, deben enviar a secuenciar muestras a Corea del Sur”, dijo.

Tal como lo explicó el estudiante, una vez terminado el crucero tuvo la suerte de atravesar el océano Pacífico de lado a lado, navegando cerca de 12 mil kilómetros (casi 7mil millas náuticas). Además, pasó unos días en Nueva Zelanda antes de volver.

“Para mí, el principal desafío fue el idioma. Yo era el único científico chileno y a bordo se encontraban presentes científicos de diferentes países, como Estados Unidos, España, Croacia, Irlanda, Rusia, Israel y Alemania, siendo el idioma principal el inglés. Debido a que durante mi enseñanza escolar no tuve buena formación en el idioma, fue un reto para mí, sin embargo siempre me ha gustado y tuve la oportunidad de practicar con un amigo que vive en Estados Unidos. Desde el primer día tuve la oportunidad de hablar con gente y tomar confianza con los días, además de contar con dos científicos españoles que me ayudaron durante el viaje a comprender algunas cosas”, sostuvo.

Diego Bravo agregó que todos los científicos, un total de 34, fueron realmente amables durante el viaje y totalmente profesionales en sus áreas, demostrando la humildad y pasión con que trabajan en sus diferentes áreas. “No cualquier persona se embarca cerca de dos meses, dejando a su familia y amigos, para estar en medio de la nada y feliz. Además, me permitió ver qué es lo que sucede en el ámbito científico fuera de Chile, sobre todo en un país que invierte gran cantidad de dinero en ciencia como lo es Alemania. Es una perspectiva que no muchos alumnos de pregrado logran tener, y que me permite crear nuevas ideas y conocer los pasos a seguir en mi formación como profesional”, indicó.

Actualmente, Diego Bravo se encuentra realizando su tesis de pregrado en Punta Arenas, en el Instituto Antártico Chileno (INACH), junto al doctor César Cárdenas, en el marco del Proyecto Fondecyt: “Evaluando la utilidad de las esponjas antárticas para estudiar el cambio climático: respuestas desde nivel de especies al nivel de comunidades”.

El estudiante adelanta que su investigación se centra en analizar patrones de abundancia y distribución de los ensambles de esponjas en Isla Doumer, archipiélago de Palmer, en la Antártica. “No he tenido la oportunidad aún de ir a Antártica. Es más, cuando quedé seleccionado para embarcarme en el buque R/V Sonne, fue tratando de ir en barco a Antártica. Espero que en el futuro se presente la oportunidad de realizar un trabajo en el continente blanco, ya que es un sitio prístino y totalmente salvaje, donde los animales no huyen, ya que no tienen la costumbre del contacto con el humano. Además, la investigación en esponjas no es un campo en que hayan incursionado muchos científicos en comparación con otras líneas de investigación, sobre todo en la Antártica. Es por ello que representa un campo de investigación prometedor y, de acuerdo a lo que se sabe, constituyen organismos altamente sensibles a los cambios del medio, pudiendo tener relevancia en el estudio del cambio climático”, planteó.

Respecto a su experiencia en INACH, manifestó e que le ha permitido conocer cada vez más respecto al trabajo que se desarrolla en el continente blanco. “Debido a que yo vivo en la zona central, no tuve que ir a vivir a otro sitio durante el curso de la carrera, así que venir a trabajar a Punta Arenas lo vi como una oportunidad para conocer un nuevo lugar y creo que fue una decisión acertada. He conocido lugares alucinantes y llenos de vida, sobre todo bajo el agua, por lo que estoy feliz de seguir acá hasta diciembre”.

Diego Bravo acotó que la formación académica recibida durante la carrera es una fortaleza de la UV, que “mezclado con la energía de los estudiantes con pasión por el mar, hacen de los futuros biólogos marinos potenciales investigadores del área en que se desenvuelvan”, concluyó el joven.

Publicado jueves 1 de septiembre de 2016
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