Académica de Arquitectura lanza libro sobre las formas vernáculas del Altiplano
Daniela Fullerton presentó texto bajo etiqueta RIL Editores con investigación sobre los pueblos Toconao, Talabre, Socaire y Peine.

“Saberes arquitectónicos, las formas vernáculas del Altiplano”, es el nombre del libro publicado por la académica de la Escuela de Arquitectura Daniela Fullerton, bajo etiqueta RIL Editores, donde junto a su colega Piera Medina investigan sobre las formas de hacer arquitectura y ocupar el territorio de los pueblos Toconao, Talabre, Socaire y Peine.

Con cuatrocientos ejemplares distribuidos en librerías a nivel nacional, en el Instituto de Estudios Urbanos UC y en diversas bibliotecas, el texto busca, según Daniela Fullerton, “investigar sobre las técnicas específicas de construcción de estos pueblos, como pegar las piedras con barro con sal, o alivianar el barro con huano, consideradas adecuaciones vernáculas de la arquitectura”.

No obstante, el texto evita transformarse en un manual, ya que, como explica la autora, “son los propios integrantes de estos pueblos quienes cuentan cómo aprendieron a construir y ese relato abre la cultura de la cosmovisión atacameña, porque aparece amarrado a la historia del pueblo, a los ancestros y a sus creencias, donde la casa posee un simbolismo asociado a los antiguos”.

Vivir el territorio

La investigadora asegura que “los habitantes de estos pueblos construyeron una forma particular de vivir, sentir y habitar el territorio, diferente del nuestro, incluso sobre temas como los límites de su propiedad. Solían tener más de tres casas en uno o varios poblados, porque son seminómadas. Muchos de los relatos hablaban de una casa de cordillera y otra en un poblado cercano, junto a los huertos”.

“Es una estructura de territorio particular, el mismo poblado era la casa grande, tenían espacios distribuidos en distintos puntos, los huertos eran comunitarios, cuya eficiencia está en ciertos cañones donde construyeron un complejo sistema de canales. Mientras que los animales y las casas están en el lugar más seco de todos, porque el huerto es el corazón del poblado”, asegura.

Fullerton agrega que “ellos habitan así desde hace más de cinco mil años, su pastoreo se realiza a los pies de los cañones, donde bajan los animales al salar. Las rutas son anteriores al periodo Tiahuanaco y en el encuentro con los cañones están los poblados. Tienen una lógica funcional: en verano suben a los sectores más altos, abajo están los animales y al centro los huertos. Desde siempre han sido muy desplegados para habitar y eso es interesante como realidad indígena”.

Pensamiento sustentable

Entre los aspectos relevantes de la investigación, la arquitecta añade que “pudimos constatar que un poblado lo funda el canal, esa es la primera gran obra. A través de los relatos conocimos la historia de catorce familias que debieron refundar su poblado luego de un aluvión. Luego de dos años de trabajo fundaron su nuevo poblado en relación al nacimiento de agua con mayor proyección, abandonando una primera obra por considerarla débil, a pesar de haber contado con apoyo estatal”.

“Estaban pensando en los hijos y nietos, en las generaciones futuras, con una mirada sustentable. Por eso llama la atención que esos sentidos existen de forma tan anónima, que no se sepa. La ruta turística San Pedro, una de las dos más visitadas a nivel nacional, apenas reconoce y visualiza la presencia de atacameños, una cultura de ocho mil años. Pasa media hora por un restaurant y eso sería todo”, explica.

Patrimonio vivo

La investigadora explica que los integrantes de los pueblos que entrevistaron para su libro son “personajes en extinción, un patrimonio vivo. Quisimos rescatar la arquitectura construida por estas culturas, analizar su alcance y ver cómo se vincula con la cosmovisión de los pueblos indígenas, para poder entender sus innovaciones tecnológicas, que no se han valorizado”.

“Estos pueblos son sustentables en términos de eficiencia, con una inteligencia basada en procesos de años, pero que lamentablemente está en riesgo de extinción. Chile tiene patrimonio vernáculo, sin embargo, la arquitectura indígena ha sido menospreciada porque proviene de un saber no académico, sino que se basa en la transmisión del conocimiento. Por eso ha sido invisibilizado”, asegura.

Entre los próximos proyectos de la académica se cuentan una investigación sobre la Patagonia insular y la construcción de poblados sobre los bordes. “Los territorios complejos son los que han movido la innovación en arquitectura, a través de un paisaje construido valioso y por eso nos interesa hacer un rescate”, añade.

Publicado mircoles 26 de julio de 2017
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